Un dolor fingido (última, volvemos despues de vacaciones)
Durante todo mi primer curso interno en el colegio de Saint Peters no me abandonó la morriña o nostalgia de mi casa. Por eso, a principios del curso tramé un ardid para que me enviaran a casa, aunque tan solo fuera por unos días. Mi idea consistía en simular un ataque fulminante de apendicitis. Cuando llamé a la puerta color castaño, ni siquiera sentía el terror que la celadora solía inspirarme. –¡Adelante! –tronó su voz. Entré agarrándome con las manos la parte derecha del vientre y tambaleándome. –¿Qué te ocurre? –gritó la celadora. –Me duele, señora celadora –gemí–. ¡Me duele muchísimo! ¡Aquí, aquí! –¡Has zampado demasiado! –ladró ella–. Cómo quieres que no te duela si estás todo el santo día comiendo bizcocho con pasas. –Ya hace días que no como –mentí–. ¡No puedo comer, señora celadora! ¡No tengo ganas! –Échate en la cama y bájate los pantalones. Me tendí en la cama y se puso a palparme violentamente la barriga. Yo la observaba con atención y, cuando tocó donde me figuraba qu...