Había una vez ocho topos que vivían en un prado entre montañas. Habían horadado todo el prado con sus túneles y cada par de metros se elevaba una topera. Revolver y cavar la tierra por todas partes significaba todo para ellos. ¡Y eran verdaderos maestros en hacer cuevas! Cada topo poseía una parte determinada del prado y había construido una artística y confortable cuevavivienda. Todos llevaban una vida placentera y hermosa, hasta aquel día de primavera en que la gran desgracia cayó sobre ellos. Era la época del deshielo. El cálido sol había derretido ya la nieve del valle y convertía en agua la nieve de las montañas. El agua se filtraba en la tierra y dejaba el suelo mullido y lodoso. Los ocho topos se habían recogido en sus cuevas más profundas, donde la tierra aún estaba seca. Cuando el topo Benni ...
Érase una vez un niño que tuvo la suerte de conseguir un barco para él solo. Era un velero enorme; pero el niño era experto en cosas de vela y lo podía manejar sin ayuda. Durante algunos años, navegó de isla en isla. Pero un día el tiempo empezó a empeorar. El cielo se llenó de nubes y el viento comenzó a soplar con tanta fuerza que las velas quedaron hechas jirones. El niño se dio cuenta enseguida de que aquella tormenta estaba dirigida contra él por algún enemigo que sabía magia negra; por eso bajó al camarote, cerró la puerta y esperó a ver qué pasaba. –¡Ja, ja! ¡No pienses que estás solo! –dijo una voz perversa y cruel a sus espaldas. El niño se volvió asustado y vio a un loro en la librería del camarote. –¡Oh, Dios mío! –dijo el niño–. ¡Qué susto me has dado! Pensé que eras la bruja que ha causado la tormenta. El loro ladeó la cabeza y se rascó la oreja con la pata, lanzando de nuevo una larga y perversa carcajada. Entonces, para sorpresa suya, el niño vio que el loro ...
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