Había una vez ocho topos que vivían en un prado entre montañas. Habían horadado todo el prado con sus túneles y cada par de metros se elevaba una topera. Revolver y cavar la tierra por todas partes significaba todo para ellos. ¡Y eran verdaderos maestros en hacer cuevas! Cada topo poseía una parte determinada del prado y había construido una artística y confortable cuevavivienda. Todos llevaban una vida placentera y hermosa, hasta aquel día de primavera en que la gran desgracia cayó sobre ellos. Era la época del deshielo. El cálido sol había derretido ya la nieve del valle y convertía en agua la nieve de las montañas. El agua se filtraba en la tierra y dejaba el suelo mullido y lodoso. Los ocho topos se habían recogido en sus cuevas más profundas, donde la tierra aún estaba seca. Cuando el topo Benni ...
He bajado al jardín en esta plomiza mañana. Un viejo jardinero cava lo que hasta ahora fue pradera verde, para sembrar habas. Sentada al borde del estanque, me dejo calentar por este dulce sol de invierno y aspiro la frescura de la tierra removida. El constante tiroteo del frente y el bombardeo de la ciudad se han hecho tan habituales que apenas se les da importancia. Solo la llegada de los aeroplanos inquieta aún. –¡Hermoso día, señorita! –Hermoso, es verdad. –Ya se huele la primavera… ¡Si no tuviera uno tantas desgracias encima…! Pregunto por Juan, el jardinero que venía en los primeros tiempos. –Lo movilizaron… y me creo que lo han hecho sargento… ¡Era un chico muy majo…! Ojalá tenga suerte… El viejo suspira y vuelve a cavar. ¡Qué perfume a paz sale de la tierra…! Guadalupe viene a advertirme que se va a la tienda, porque es día de racionamiento. Lleva la cartilla y la bolsa de hule con botellas… no sea que den aceite, o vino, o vinagre. El otro día, por no llevar botellas, nos...
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